Descripción

Para variar un poco de la “monotonía” de la gravedad, atmósfera y climatología terrestres, en esta jornada os proponemos un cambio de perspectiva y paisaje: un paseo por una de las regiones más interesantes de la Luna: las inmediaciones del cráter Aristarco. Nuestro recorrido va a transcurrir por la zona sur de la meseta Aristarco (Aristarchus en su denominación oficial), acercándonos al joven cráter lunar del mismo nombre y serpenteando entre el campo de pequeños cráteres de impacto que encontraremos conforme nos acerquemos a sus inmensas paredes. No nos tiene que amedrentar que en esta ocasión se trate de una caminata lunar, algunas cosas se nos pondrán más difíciles que si estuviéramos en la Tierra, pero otras serán más sencillas. 

Craters Herodotus, Aristarchus and Prinz (detail of LRO - WAC global moon mosaic)
Craters Herodotus, Aristarchus y Prinz (detalle del LRO - WAC global moon mosaic)

 

El cráter lunar Aristarco consiste en una depresión formada por el impacto en la superficie lunar de un tremendo meteorito hace 175 millones de años (Ma) (Zanetti et al, 2011). Este impacto originó un cráter en la corteza de alrededor de 40 km de diámetro, con paredes que se elevan más de 3.000 m desde el fondo de éste. Se ubica en la parte SE de la meseta del mismo nombre, en la que podemos encontrar además el cráter Herodoto al W, anterior a la formación del cráter Aristarco, y las sinuosas fisuras (conocidas en la Luna  como Rimas) del Valle de Schröter al N. No los visitaremos en esta ocasión, pero los veremos a lo lejos, y tomaremos nota de sus características para futuros paseos. 

Indicación de la ruta sobre un mapa topográfico de la meseta de Aristarco.
Indicación de la ruta sobre un mapa topográfico de la meseta de Aristarco.

 

Perfil de la ruta propuesta
Perfil de la ruta propuesta

 

Esta meseta de Aristarco es una de las regiones más interesantes de la Luna, porque recoge en una pequeña región una gran variedad de materiales geológicos, y nos permitirá disfrutar también de una fabulosa diversidad paisajística. 

Por cierto, que la denominación del cráter está dado por la Unión Astronómica Internacional, que es la que se encarga de poner nombre a las diferentes estructuras planetarias, en este caso en honor a Aristarco de Samos, un astrónomo y matemático griego que ya en el siglo III a.C. propuso entre otras cosas que era la Tierra la que daba vueltas alrededor del Sol y no al revés.  Lo hizo siglos antes de que Copérnico expusiera la misma teoría, y Galileo aportara las pruebas, ambos también con sendos cráteres lunares. 

Vista oblicua del área SE del cráter Aristarco (40 km de diámetro), desde una altura 135 km, imagen M1096850878LR [NASA/GSFC/Arizona State University].
Vista oblicua del área SE del cráter Aristarco desde una altura de135 km.
Imagen M1096850878LR [NASA/GSFC/Arizona State University].

 

El cráter está centrado en los 23.6ºN 47.5ºW, en la cara visible de la Luna. Así que una buena planificación previa pasaría por echarle un vistazo con un pequeño telescopio, o incluso con unos sencillos prismáticos a esta parte de la Luna. Esto no lo podemos hacer al planificar nuestros paseos terrestres, verdad? Como se trata de un cráter con más brillo que el entorno que le rodea no nos costará mucho ubicarlo. Para acentuar el relieve del cráter lo mejor sería observar esta región dos o tres días antes de la luna llena, así captaremos todo el valor de la peculiar topografía de la meseta de Aristarco.

Ubicación del cráter lunar Aristarco sobre la cara visible de la Luna.
Ubicación del cráter lunar Aristarco sobre la cara visible de la Luna. Caption

 

El viaje hasta la Luna no es corto, aunque bien mirado pasar entre dos y tres días viendo cómo la Tierra se hace cada vez más pequeña tampoco es mala propuesta. Una vez alcancemos una altura de entre 120 y 150 km sobre la superficie de nuestro satélite, colocaremos nuestra nave en órbita y descenderemos con el módulo lunar directamente sobre el punto de inicio de la ruta en los 22º41’57’’N, 47º35’20’’W.

From the Moon to the Earth. Crédito: Apollo 11, NASA
From the Moon to the Earth. Crédito: Apollo 11, NASA.

 

En cuanto salgamos fuera del módulo nos daremos cuenta de que estamos en mitad de un paisaje impresionante, una planicie de alrededor de 20 km2 con bloques de rocas magmáticas de diversos tamaños y un fino polvo que cubre toda la superficie, conformando lo que se conoce como regolito lunar. Debido a la falta de atmósfera no tendremos vientos que nos molesten y que levanten nubes de polvo, esto es una ventaja ya que con todo el material del regolito lunar esas nubes serían tremendas. 

«5927 NASA» de Neil Armstrong - NASA Apollo Archive. Imagen preparada y restaurada por Kipp Teague, vía Wikimedia Commons.
«5927 NASA» de Neil Armstrong - NASA Apollo Archive.
Imagen preparada y restaurada por Kipp Teague, vía Wikimedia Commons. 

 

Siguiendo la dirección NNE saldremos de esta pequeña planicie para ir salvando diversos desniveles, no superiores a 100 metros de altura. Conforme vayamos ganando algo de altura veremos que poco a poco nos iremos encontrando con pequeños cráteres, de entre 5 y 100 m de diámetro, que a medida que avanzamos se hacen más abundantes.

Así, trascurridas 3 horas del inicio de la marcha, habremos recorrido al menos 20 kilómetros y llegaremos a uno de los puntos clave de nuestra ruta: el área de pequeños cráteres de la región sur de Aristarco. Recordad que la gravedad en la Luna corresponde a una sexta parte de la terrestre, así que tendremos la sensación de pesar 6 veces menos, pudiendo avanzar a más velocidad a la que solemos andar por la Tierra, y progresando en el trayecto con un menor desgaste físico.

Imagen M111945148R de la cámara NAC. Parte de depósitos piroclásticos. El ancho de la imagen corresponde a 537m de distancia. [NASA/GSFC/Arizona State University].
Imagen M111945148R de la cámara NAC, con depósitos piroclásticos.
El ancho de la imagen corresponde a 537 m de distancia.
[NASA/GSFC/Arizona State University].

 

Este campo de pequeños cráteres y conos de impacto tiene su principal origen en la caída de los fragmentos de rocas que fueron elevados tras el tremendo impacto que originó el cráter Aristarco. En 175 Ma ha podido formarse algún que otro cráter debido al choque de nuevos pequeños meteoritos, pero el grueso de las formaciones por las que iremos zigzagueando se originaron a la vez que el inmenso cráter principal cuyas paredes exteriores dejaremos a nuestra izquierda.

Seguiremos durante al menos otras 2 horas en dirección E, percibiendo que de nuevo la densidad de cráteres es menor y retomando un paisaje similar al de nuestro punto de partida. Pasadas estas 2 horas alcanzaremos otro de los puntos clave de nuestra ruta: Los campos de olivino.

El olivino es uno de los minerales que podemos encontrar en las rocas ígneas, y de hecho no es raro observar cristales de olivino en las regiones de nuestro planeta con reciente actividad volcánica (las islas Canarias son un buen y cercano ejemplo de esto). Si bien en la Tierra el olivino corresponde a muestras del manto superior que emergen a la superficie debido a las erupciones volcánicas, en la Luna su origen es algo diferente. El tremendo impactó que originó el cráter elevó la temperatura lo suficiente como para que el material superficial se fundiera de nuevo, y tras enfriarse su composición derivó, en esta zona que estamos visitando, en una amalgama de rocas de diferentes tamaños con tremendos cristales de olivino (Mustard et al, 2010)

Olivino. [CC BY-SA 2.5], vía Wikimedia Commons
Olivino. [CC BY-SA 2.5], vía Wikimedia Commons

 

En esta parte de nuestra caminata encontraremos cristales de olivino, incorporados a las rocas basálticas del terreno, en diferentes tamaños y estructuras. Descasaremos unos instantes en este punto, disfrutando de las nuevas tonalidades verdes que nos ofrecen estos cristales en esta región de la Luna, que nos sacarán de la “monotonía” de la gama de grises del resto del regolito lunar.

En este punto de la ruta, visita obligada es el cráter Aristarco, principal relieve de la meseta. Se puede ascender por las paredes exteriores del cráter, en una trepada abalconada de 3 ó 4 kilómetros desde el campo de olivino, en la que tomaremos continuamente la dirección N, ascendiendo algo menos de 500 metros de desnivel, ya que las paredes exteriores del cráter tienen menor altura que las interiores. Asomándonos al borde de este fabuloso socavón lunar veremos paredes que descienden más de 3.000 metros bajo nuestros pies, formando un circo casi perfectamente circular de 40 kilómetros de diámetro.

Panorámica completa de la pared W del cráter Aristarco. La anchura de la imagen corresponden a alrededor de 25 km. M175569775 [NASA/GSFC/Arizona State University].
Panorámica completa de la pared W del cráter Aristarco.
La anchura de la imagen corresponden a alrededor de 25 km.
M175569775 [NASA/GSFC/Arizona State University].

 

En su centro podremos ver el pico del cráter, de poco más de 1 kilómetro de anchura y una altura de 300 m. Si extendemos la mirada a nuestra izquierda, al W, percibiremos la forma del cráter vecino Herodoto con paredes no superiores a 1.500 m de altura, al NNW el cono volcánico “Cabeza de Cobra” que da origen al Valle de Schröter, y al NE los restos del cráter Prinz. Una visión espectacular de toda la meseta de Aristarco.

Pico central del cráter Aristarco. (23.693°N, 312.487°E). El pico tiene alrededor de 4,5 km de ancho desde esta perspectiva [NASA/GSFC/Arizona State University].
Pico central del cráter Aristarco. (23.693°N, 312.487°E).
El pico tiene alrededor de 4,5 km de ancho desde esta perspectiva.
[NASA/GSFC/Arizona State University].

 

La vuelta al punto de partida la realizaremos regresando primero al campo de olivino, y desviándonos en dirección SSW para escoger un terreno más sencillo de regreso al módulo lunar. En este tramo tan sólo debemos preocuparnos por mantener la dirección correcta hacia el módulo, conforme esquivamos grandes bloques de roca basáltica, anortosita y algún pequeño y ocasional cráter de impacto. 

Diversidad geológica visible al retornar al punto de inicio. La imagen tiene unos 500 m de ancho. NAC frame M111918050R [NASA/GSFC/Arizona State University].
Diversidad geológica visible al retornar al punto de inicio.
La imagen tiene unos 500 m de ancho.
NAC frame M111918050R [NASA/GSFC/Arizona State University].

 

Una vez llegamos al punto de partida y antes de introducirnos en el módulo lunar, merece la pena mirar a nuestro alrededor, disfrutando por última vez de este paisaje increíble del que hemos estado gozando durante toda la jornada… y por qué no, echaremos un vistazo al cielo oscuro para recrearnos con la visión estrellada del firmamento aunque estemos en pleno día lunar. Es una de las ventajas de visitar mundos sin atmósfera, y no querremos desaprovecharla. 

Astronauta Charles Duke recogiendo muestras lunares. Crédito: Apollo16, NASA
Astronauta Charles Duke recogiendo muestras lunares. Crédito: Apollo16, NASA

 

Ya en el interior del módulo lunar, bastará con activar de nuevo los motores y alcanzar la nave que hemos colocado en órbita alrededor de la Luna para, tras acoplarnos a ésta, regresar a nuestro planeta con la sensación de haber vivido una experiencia única, gozando de unos paisajes fabulosos, sensaciones muy diferentes a las que vivimos en la Tierra, y con una buena colección de recuerdos y fotos que enseñar a nuestras amistades.

Consejos:

  • Evitar llevar los antiguos modelos de trajes espaciales diseñados durante la carrera espacial, que tienen un peso total (en la Tierra) de 75 kg. Nuestra alternativa serán los Bio-Suits (Newman et al, 2004), más modernos, ligeros y que nos permitirán libertad completa de movimientos. A parte de proporcionarnos un control térmico total y los niveles de oxígeno y nitrógeno necesarios, son un excelente escudo contra la radiación ultravioleta que golpea libremente la superficie lunar.
  • Aunque es posible que pudiéramos encontrar agua en la Luna (Feldman et al, 2001), ésta no será fácil de extraer (Haruyama et al, 2008), y además la ruta por la que vamos a avanzar está muy alejada de los puntos en los que sería posible encontrar el hielo necesario para nuestro consumo. Esta agua helada se intuye que se encuentra en el fondo de algunos cráteres del polo Sur lunar, ubicada en zonas con sombra constante.
  • Las pequeñas partículas del regolito lunar son ásperas, muy pegajosas, con aristas afiladas, y con un intenso olor a pólvora quemada, como lo describían los astronautas de las misiones Apollo. Al regresar al módulo recordad eliminarlo completamente del traje lunar para evitar respirarlo, ya que puede provocar problemas respiratorios.

Referencias:

Feldman, W. C.;  Maurice, S.;  Lawrence, D. J.;  Little, R. C.;  Lawson, S. L. et al. (2001). Evidence for water ice near the lunar poles. Journal of Geophysical Research vol. 106 (E10) p. 23231

Haruyama, J., Ohtake, M., Matsunaga, T., Morota, T., Honda, C., Yokota, Y., ... & Josset, J. L. (2008). Lack of exposed ice inside lunar south pole Shackleton crater. Science, 322(5903), 938-939.

Mustard, J. F., Pieters, C. M., Isaacson, P. J., Head, J. W., Besse, S., Clark, R. N., … Tompkins, S. (2011). Compositional diversity and geologic insights of the Aristarchus crater from Moon Mineralogy Mapper data. Journal of Geophysical Research E: Planets, 116(5), 1–17. http://doi.org/10.1029/2010JE003726

Newman, D. J., Bethke, K., Carr, C., Hoffman, J., & Trotti, G. (2004). Astronaut bio-suit system to enable planetary exploration. In 55 th International Astronautical Congress.

Zannetti, M., Hiesinger, H., van der Bogert, C. H., Reiss, D., & Jolliff, B. L. (2011). Aristarchus crater: mapping of impact melt and absolute age determination. In 42nd Lunar and Planetary Science Conference (pp. 2–3).